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19.4.09

Reconozco esas huellas

Un poco tarde, pero a tiempo. Esta semana me llegó el encargo de comprar un huevo de pascua grande, grande, con golosinas dentro, para el ahijado de mis padres y, como no conseguía encontrar algo así a estas alturas, decidí hacerlo yo. ¿Por qué? ¿Porque puedo? Pues no. Así que ni idea; me dan estos ramalazos de vez en cuando.

Me metí en unos cuantos foros y en una tienda online de utensilios de cocina, muy conocida y completa esta tienda, para hacerme una idea de lo que podía necesitar. Como ando tan ocupada como todos los demás, hasta el sábado no pude ponerme con esto. Total, que el sábado por la mañana fui a la tienda "física" que el Club de la Cocina tiene en Madrid (habrá que pensar lo de hacer algún curso, porque tienen una pinta estupenda) con la idea de comprar un molde para hacer huevos gigantes, pero cuando lo vi me rendí ante la evidencia: "Esto es nivel 80 para tu capacidad 20". Entonces, aconsejada por quien me atendía (un alemán parlanchín), pillé un molde para huevos de 12 cm -ya podía haber comprado otro par más para ir más rápido...-, y unas tabletas de chocolate marca Dr. Oetker. Para mi gusto, es mucho mejor el chocolate Fondant de la marca Suchard. Me quedé también con ganas de comprar un cazo especial para calentar chocolate y otras sustancias al baño maría con agresividad la justa. La tienda es pequeñita, pero tienen cosas increíbles. Me encantó.

En fin, después de unas cuantas horas aprendí que el chocolate blanco no es la mejor opción para hacer la cobertura de uno de estos huevos, pero sí para dar una segunda capa; que aunque acabes de sacar el molde de la nevera, después de haber estado ahí un buen rato, tus huellas van a quedar marcadas en el chocolate si lo tocas, y que me falta bastante práctica y unos cuantos buenos consejos para conseguir dar con el acabado de pastelería. Pero fue divertido.

Ahí van unas fotos para los escépticos que, como yo, aún no se lo terminan de creer. ¿Hacer huevos de Pascua? Pero si ya están hechos en las confiterías!









13.11.08

Harina y azúcar

Enriqueta se ha pasado quince días al teléfono despotricando contra Benidorm. Que si no soporta ir porque tal, porque cual, porque hay que ver,... Supongo que tendrá a Carmina y Pepa, sus mejores amigas vivas, hartas. El otro día oí como Pepa le decía: "Y tú para qué te vas a Benidorm en época de monzón?". Son unas cachondas estas viejas.

Le hice la pregunta de Perlita -que pego aquí: "Vale, aquí va la primera pregunta para la abuela Enriqueta. Usted que es una señora muy vivida y ha pasado por la posguerra, ¿qué podemos hacer con harina y azúcar? Porque parece que es lo primero que compra la gente en época de desabastecimiento como si fuese la panacea y la verdad, no le veo la aplicación". Y la muy jeta me dijo que qué pregunta más aburrida, que eso había pasado en una vida anterior y que lo suyo era beber para olvidar, no recordar y ponerse a llorar (perdió a su hermano gemelo en la guerra, pero eran muy pequeños y lo más seguro es que no tuviera nada que ver con la situación).

Y yo digo... Pero de qué vas, tiparraca?! No se puede ser así, Enriqueta!!

Total, que acabó contando que antes no había tanto de todo como ahora. Que si ahora viviésemos una situación similar, igual habría otros alimentos básicos más aconsejables y más fáciles de conservar, pero que el pan se sigue haciendo con harina y que la enorme lista de postres típicos españoles para alegrar un poco el moflete, de toda la vida de Dios han llevado harina y azúcar.

Luego me dijo que tenía un primo que había hecho estraperlo entre Galicia y Asturias y nunca le pillaron. Y una amiga que una vez fue a ver a su novio con una maleta llena de comida (harina y azúcar) y que casi la detienen por estraperlista. Y que se había pasado mucho hambre. Tras lo cual, hizo una pausa y salió por la puerta de su salón. A los diez minutos la encontré en la cocina, cortando chorizo mientras se ponía un vinito.

Más no dijo.

6.9.07

Mi primer trabajo

Leyendo un post de Gato de Cheshire (http://gatodechershire.blogspot.com/2007/09/meme.html) he recordado mi primera experiencia laboral que, vista desde hoy en día puede considerarse como una especie de premonición de lo que vendría después.

Leganés, 1992. El fenómeno grunge está a punto de estallar. España se prepara para la Expo y las Olimpiadas de Barcelona. Las hombreras están dando sus últimos coletazos en nuestros armarios. Brandon y Brenda son los ídolos de media juventud. Dos inocentes muchachitas de unos 16 años, estudiantes de bachillerato, quieren dinero. Una, la corresponsal que aquí escribe, otra, Océano, su amiga del barrio de toda la vida.

La vida era dura. La paga de 2.000 pesetas no nos llegaba para los trapos y la cantidad industrial de minis que nos metíamos entre pecho y espalda durante los fines de semana en Moncloa. Las súplicas a los padres ya no funcionaban, así que, nos decidimos a buscar curro.

Con el impresionante currículum que teníamos (tres asignaturas para septiembre, recolección de manzanas en el pueblo, hacerse la cama en casa de vez en cuando) era de esperar que las ofertas no llovieran. Y sin embargo, tuvimos suerte.

Recuerdo que bajamos al centro comercial CutreSur, en Leganés (uno de los primeros de España, junto a la Vaguada) y vimos un cartel. “Se necesitan promotoras para inmobiliaria”, decía, así que, allá que fuimos. Una gorda con cara de malas pulgas nos miró y nos dijo que podíamos empezar cuando quisiéramos. Creo que en el momento ni nos planteamos por qué razón nos cogían tan rápido, sin apenas preguntar. “Seguro que le ha impresionado lo de la recolección”, debí pensar.

Al día siguiente nos colocaron en la puerta del centro comercial. Nuestra misión, abordar a jóvenes matrimonios y lograr que, bajo la promesa de recibir una camiseta de regalo y un pingüi a base de refrescos y cacahuetes, subieran a las oficinas a escuchar una pequeña charla sobre un interesante e innovador proyecto inmobiliario.

El tiempo ha borrado los detalles. Probablemente el pavazo que teníamos por aquel entonces también haya contribuido. Pero recuerdo que, pese al escaso gracejo de nuestros 16 años (en mi caso, no es que haya mejorado demasiado) conseguimos que un número razonable de parejas subieran a las oficinas. También recuerdo que, con los días, el número de matrimonios cabreados que se acercaba a nosotras para cagarse-en-nuestra-puta-madre empezó a aumentar.

No sé si porque éramos tontas del culo o porque sólo pensábamos en las rebajas de Mango, no nos dimos cuenta –o no quisimos hacerlo- de qué iba el tema hasta semanas más tarde. La empresa era una de esas que vendía apartamentos en multipropiedad en la playa. Los pobres matrimonios que captábamos, una vez arriba, se llevaban la camiseta, sí, pero después de sufrir una charla de horas en la que les lavaban el cerebro sin compasión.

Supongo que, tanto a mi amiga como a mi misma, el hecho de trabajar para unos estafadores nos dio bastante igual en el momento. No recuerdo como lo dejé, supongo que me aburrí o que mis padres se decidieron a subirme la paga ante el temor de que abandonara los estudios y fuera carne del FP (terribles siglas por aquel entonces).
El caso es que, después de haberlo dejado, oímos que la empresa desapareció de un día para otro. Cogieron los bártulos y se largaron por la noche, dejando a no sé cuantos matrimonios sin su trozo de apartamento en la Manga del Mar Menor y de paso, con los bolsillos limpios.

Lo dicho, mi primera experiencia fue el preludio de lo que es la vida laboral en general: un timo.

11.6.07

Latinaje

Y otra más... Hala, ahí quedan estas tres buenas mujeres. La felicidad les viene de las caipiroskas, cervezas, gin tonics, o lo que fuera que se bebieran. Si es que...

21.5.07

Osito Colargol

Alguien se acuerda del oso Colargol? Porque yo no puedo quitarme de la cabeza -puntualmente, vaya- la cancioncilla del mi, fa, sol. Con la memoria tan mediocre que tengo y me acuerdo de la canción de Colargol... Qué cosas. Aunque seguro que la mitad es recuerdo borroso/inventado.

Me encantaban estos dibujos cuando era pequeña, muuuuuuuuuy pequeña y luego también me gustó mucho Planeta Imaginario así que, aunque por lo visto en Francia fue le plus cool (...) en su momento, aquí no lo debe recordar ni el más frikifais. Dejo una reseña de la Wikipedia y de una página que he encontrado sobre el tema, para vintage curiosos. En francés, cómo no?!

C’est moi qui suis Colargol
L’ours qui chante en fa, en sol
En do dièse, en mi bémol
En gilet et en faux-col
Le roi des oiseaux
Vous le savez mes amis
M’a donné un beau
Sifflet pour faire cui-cui
Cui, cui, cui, cui, cui, cui, CUI !
C’est moi qui suis Colargol
l'ours qui chante en fa, en sol
En do dièse, en mi bémol
C’est moi qui suis Colargol

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