Es que van provocando
¿Qué tienen los famosos, sobre todo los de medio pelo, que me incitan a abordarlos cuando voy borracha? ¿Serán ellos, que me esperan ahí, temerosos, con esos ojos de Bambi que dicen “si, soy yo, pero déjame en paz”, o seré yo, que tengo algún tipo de trauma con la fama y la televisión?
Pues no sé la respuesta, pero es que oye, no lo puedo evitar. Y no es que esté desacostumbrada a ver famoseo, que en Madrid es relativamente normal ver a actores, cantantes, modelos y demás personajes del faranduleo por ahí. Sea por curro (antes me tocaba ir ciertos sitios) o sea por pura casualidad (quicir, cruzármelos en la calle o en un bar), en los madriles he visto de pasada o he compartido el mismo espacio con famosotes de distinto pelaje como Bardem, Tristán Ulloa, Fernando León de Aranoa, Pepón Nieto, Lorenzo Milá, Esther Cañadas, Nieves Álvarez, Laura Ponte, Bertín Osborne, Tamara (la cutre), Bimba Bosé, Zidane, la infanta Elena, alguno de Gran Hermano, Jesús Mariñas, Rafa Nadal y un largo etc. de los que no me acuerdo ahora mismo.
Y cuando los he visto por el día, ni inmutarme, oye, que a mí eso de arrimarme al petardo/a de turno para decirle “soy una gran admiradora tuya” me da una vergüenza ajena increíble, y no digamos eso otro de “¿me das un autógrafo?”, que digo yo que para qué coño quiero un papel con una rayajo, sea de quien sea. Ni si quiera con mi adorado Jordi Mollá he perdido los papeles, y mira que si él me dice ven, lo dejo todo.
Pero es caer la noche, ir con dos copas de más, y la atracción del famoseo me puede, sobre todo cuando la ‘celebrity’ es petarda-petarda. Y no digamos cuando se les ve que van de sobradetes. Mi especialidad es hacerme la fanx y, cuando están con la guardia baja… zas!
Este fin de semana, sin ir más lejos, un presentador de programas infantiles, de cuyo nombre no quiero acordarme, intentó colarse delante de la Srta. Bulería y de la menda en una discoteca para pedir una copa. Sobra decir que la cagó. Le cayó una chapa de media hora (medio a grito pelado y descojonadas) con frases como “mi sobrino es un gran admirador tuyo, ha aprendido a dibujar contigo (mentira, que tiene 3 años y no sabe ni quién es él ni coger un lápiz a derechas)”… seguido de un -ante su sonrisa de autocomplacencia- “yo también dibujo contigoooo”, y de un “ehhhhhhh! que se nota que las manos que hacen las manualidades no son tuyaaaaaaaaas”. Sobra decir también que, en cuanto pudo, salió por piernas.
Igualito que salieron por piernas la Ania aquella de Gran Hermano, a la que berreamos desde la otra punta de la calle y salió trotando con sus tacones viendo lo que se le venía encima. O cuando pillamos por banda a Carlos Moyà en un bar y le obligamos a hacerse un book enterito de fotos con nosotras (suerte que él iba más pedo aún que nosotras). O como cuando un grupo de periodistas nos encontramos a María Patiño en una discoteca de Madrid y le caimos como un enjambre para comentar 'constructivamente' su trabajo.
Así que, famoso, si sales una noche y te cruzas conmigo, sonríe y aguanta el chaparrón. No lo hago con maldad, es que vais provocando.